martes, 21 de mayo de 2013

Curso de Huerta orgánica en M100

Operación Cóndor en el banquillo

Habla la fiscal argentina María Mercedes Moguilansky

Operación Cóndor en el banquillo

Ricardo Klappa Santa Cruz Punto Final

La Operación Cóndor está siendo procesada en un tribunal argentino. La justicia investiga el destino de más de setenta chilenos secuestrados o asesinados que residían en Argentina. Varios de ellos fueron llevados por la Dina a Chile y permanecen desaparecidos. El Tribunal de Juzgamiento Oral en lo Criminal Federal N°1 de Buenos Aires, inició el juicio oral y público el 5 de marzo. Los fiscales María Mercedes Moguilansky y Pablo Enrique Ouviña poseen pruebas para acusar a generales y coroneles argentinos responsables de crímenes contra la Humanidad (son veinte los militares argentinos, además de uno uruguayo, Cordero Piacentini, y un miembro del Servicio de Inteligencia del Estado, Furci). Entre los acusados está Rafael Videla, ex dictador de la nación trasandina.

La primera etapa del juicio corresponde a casos de chilenos, diez militantes del MIR: Edgardo Enríquez, Luis Elgueta, José de la Maza, Miguel Orellana, Luis Espinoza, Angel Athanasiú, Frida Laschan, Angélica Delard, Gloria Delard, y Luis Appel de la Cruz. Tres militantes socialistas: Luis Muñoz, Juan Hernández y Manuel Tamayo. Cuatro militantes comunistas: Cristina Carreño, Alexei Jaccard, Patricio Rojas y Oscar Oyarzún, además de Luis Zaragoza, Oscar Urra y Rafael Ferrada, también exiliados. Hay que agregar al niño de 4 años, Pablo Athanasiú.

La revista chilena PF entrevistó a la fiscal María Mercedes Moguilansky de gran experiencia en juicios de derechos humanos.

¿Qué es la Unidad de Asistencia para Causas por Violaciones a los Derechos Humanos Durante el Régimen de Terro-rismo de Estado?

“La Unidad fue creada por el anterior Procurador General de la Nación, luego de la reactivación de las causas por violaciones a los derechos humanos producida en nuestro país como consecuencia de la declaración de inconstitucionalidad de las leyes de Obe-diencia Debida y Punto Final. La magnitud y especificidad de estas causas impuso (para el Ministerio Público Fiscal) la necesidad de centralizar la información existente y unificar criterios de investigación y promoción de la acción penal frente a los distintos tribunales en los que se tramitan estos procesos.

Su función específica, entonces, como unidad especializada, es intervenir en el trámite judicial de estas causas para promoverlas tanto en la etapa de investigación como en las instancias de apelación y, fundamentalmente, en el juicio oral (para que se entienda, aclaro que el procedimiento penal federal en la Argentina se divide en dos etapas diferentes: la investigación y el juicio oral).

Dentro de la Unidad existen varios equipos de trabajo que están a cargo de diferentes fiscales y que abordan, cada uno, causas diferentes. En nuestro caso, llevamos adelante el juicio por la Operación Cóndor, sin perjuicio de que parte del proceso continúa en la etapa de investigación, que es dirigida por un fiscal federal de instrucción, y que eventualmente, podría derivar en un segundo juicio. Nuestro equipo, además de Pablo Ouviña, que es el fiscal titular y yo, que intervengo en carácter de fiscal ad hoc , está integrado por otros cuatro excelentes abogados y una licenciada en historia, especialista en dictaduras del Cono Sur”.

EL CASO ESMA

Usted fue fiscal en el caso ESMA (Escuela Mecánica de la Armada), hoy espacio para la memoria y promoción de derechos humanos. ¿Cuál fue su experiencia?

“En el último juicio de la causa ESMA, finalizado en 2011, intervinieron como fiscales Pablo Ouviña y Mirna Goransky; mi intervención fue en carácter de secretaria de la Unidad, integrante del equipo de trabajo. Actualmente, son otros los fiscales a cargo del (tercer) juicio de ESMA, iniciado a fines del año pasado.

El hecho de que la ESMA hoy sea un espacio para la memoria y la promoción y defensa de los derechos humanos es el resultado del esfuerzo y de la lucha incansable de y por las víctimas del terrorismo de Estado quienes, a través de diferentes organismos no gubernamentales se enfrentaron a los obstáculos que les impuso el Estado durante los años de impunidad”.

Sobre el juicio a la Operación Cóndor. Entre las víctimas chilenas hay familias, militantes y dirigentes de partidos de Iz-quierda, incluso un niño de 4 años. ¿Cuándo cree usted que concluirá el juicio?

“Las víctimas chilenas cuyos casos integran este juicio, al igual que sucede con las víctimas bolivianas, paraguayas y uruguayas, al menos en la mayoría de los casos, llegaron a nuestro país buscando refugio de la persecución a la que eran sometidos en sus lugares de residencia como consecuencia de la actividad política que desarrollaban ellos o sus familiares o conocidos; también hay casos en los que las víctimas vivían en Argentina hacía muchos años.

El exilio como consecuencia del terro-rismo de Estado, así como la persecución transnacional que fue su contrapartida, son asuntos centrales en este juicio y serán tratados con profundidad, independientemente de quiénes son las víctimas que específicamente integran la acusación.

Por la cantidad de testimonios que se recibirán durante la etapa de producción de prueba, se prevé que el juicio se extenderá aproximadamente un año y medio o dos”.

¿Cómo van a declarar los testigos, fami-lia-res y expertos desde Chile?

“En principio, se prevé que los testigos declaren desde los consulados argentinos que existen en Chile o desde la embajada argentina en Santiago (dependiendo del lugar de residencia) ante un funcionario diplomático, y mediante el sistema de video-conferencia en directo con la sala de audiencias.

El Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior de Chile ha ofrecido su colaboración como nexo con los testigos para facilitar la tarea de las autoridades argentinas. También contamos con el apoyo del equipo de sicólogos del Centro de Asistencia a Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, que -desde la distancia y a través de medios informáticos- están a disposición de los testigos para acompañarlos tanto antes como después de su declaración”.

NOMBRES REPETIDOS

¿Entre las personas que están siendo imputadas hay nombres que se repiten en otros juicios sobre violaciones a los derechos humanos en Argentina?

“Sí, muchos de ellos ya fueron juzgados y condenados por otros casos de violaciones a los derechos humanos, como es el caso de Videla, Riveros, Menéndez, Vañek, Olivera Róvere, entre otros. Algunos también están siendo juzgados simultáneamente a este juicio, lo que conlleva algunas complicaciones logísticas. Para otros esta es la primera vez que enfrentan un juicio, como el militar uruguayo Cordero Piacentini, o los argentinos De Lío y Mazzeo”.

¿Qué podría agregar sobre este histórico juicio?

“Notamos que es mucha la expectativa que existe en otros países sobre este juicio, especialmente sobre la influencia que esto puede tener en el avance de los procesos locales. Ojalá sea efectivamente uno de los resultados de la celebración de este juicio, y podamos transmitir tanto los aspectos positivos como negativos de esta experiencia.

En cuanto a los familiares de las víctimas, me parece importante que sepan que pese a que su contacto con el juicio será desde la distancia, existen medios para que puedan participar de su desarrollo y mantenerse al tanto de lo que sucede. Tienen abiertos todos los canales de consulta con nosotros, además de la información que periódicamente proporciona el Centro de Información Judicial ( http://www.cij.gov.ar ), así como algunos de los medios locales. En la página web del CIJ (CIJTv), además, se transmiten y transmitirán en directo algunas de las audiencias, las del comienzo y las del final del juicio (no así las declaraciones testimoniales), que normalmente se celebran los días martes y viernes durante todo el día”.

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 781, 17 de mayo, 2013

www.puntofinal.cl

domingo, 19 de mayo de 2013

El socialismo no puede ser homofóbico - Mariela Castro

Entrevista a Mariela Castro

"El socialismo no puede ser homofóbico"

Helen Hernández Hormilla La Jiribilla

Desde hace seis años, la lucha contra la homofobia y la transfobia en Cuba se ha ido convirtiendo en un tema de la agenda pública. Pese a los arraigados prejuicios machistas y heteronormativos que permanecen en la cultura y la historia de la Isla, las personas de la comunidad LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersexuales) se han unido para defender sus derechos a ser reconocidas y aceptadas con respeto en todos los espacios de interacción humana. Ante quienes prefieren enjuiciar, discriminar y estigmatizar, la respuesta ha sido una campaña educativa y el impulso al empoderamiento de estas poblaciones para que se les reconozca el legítimo disfrute de su ciudadanía.

La causa ha tenido un repunte debido a las acciones emprendidas por el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) que desde su creación, a finales de los años 80, promovió una sexualidad diversa y responsable. Parte de este trabajo se ha concretado en la celebración de las Jornadas Nacionales de Lucha contra la Homofobia, realizadas desde 2008 en fecha cercana al 17 de mayo cuando se celebra el Día Internacional de Lucha contra la Homofobia en recordación a la fecha en que la Organización Mundial de la Salud suprimió la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales, en 1990.

Cada año, las Jornadas se extienden en tiempo y espacio, al punto de que las actividades centrales se han desarrollado más allá de la capital, en las provincias de Santiago de Cuba, Villa Clara, Cienfuegos y este 2013 en Ciego de Ávila. La participación de los medios de comunicación y el impulso del activismo ciudadano han sido elementos distintivos de la sexta edición de la Jornada, que inició en La Habana el 9 de mayo con actividades académicas, pasacalles, paneles comunitarios y espectáculos artísticos que se extendieron desde el 14 hasta el 17 a la sede avileña.

En casi todas las acciones puede encontrarse a Mariela Castro Espín, máster en sexología y directora del CENESEX, quien se ha convertido en la principal figura cubana que defiende las demandas de las personas LGBTI, a la que prefiere sumar la H pues también son muchas las y los heterosexuales de esta lucha. Convencida de que el socialismo resulta imposible si no se supera la homofobia, la especialista y diputada a la Asamblea Nacional de Cuba llama a involucrar decisores, alcanzar políticas públicas equitativas e integrar todas las batallas contra la discriminación.

Buscando ampliar las respuestas sobre los condicionamientos culturales que determinan las perspectivas de la comunidad LGBTI en la Isla, La Jiribilla intercambió inquietudes con la principal responsable de estas Jornadas.

¿Cuáles son los valores culturales e históricos que, en el caso de Cuba, sustentan la homofobia?

Como toda forma de discriminación, la homofobia tiene que ver con valores que se fueron generando en la mayoría de las sociedades conocidas, basados en la dominación. Este afán por el poder y control social que ha determinado la historia de la humanidad se expresa en distintas formas de discriminar, porque para poder dominar hay que generar argumentos e ideologías que lo sustenten. Esos imaginarios se han convertido en prejuicios heredados de manera inconsciente. Se siguen repitiendo, aunque la gente se lamente, sobre todo en detrimento de quienes tienen situaciones más desventajosas.

Distintas tendencias de pensamiento como el feminismo, la sociología, los estudios de género, la antropología feminista, la sociología de la sexualidad, la sicología, las ciencias médicas, entre otras, han aportado elementos y evidencias para describir estas situaciones de discriminación. Son los mecanismos de poder los que generan los prejuicios. La historia de la misoginia, por ejemplo, se expresa en el caso de las brujas en Europa, pero en nuestro continente hay una historia colonial de violencia. Y todavía se siguen utilizando esos mecanismos para satanizar pueblos y apropiarse de sus riquezas, como con los musulmanes, o los pueblos originarios de América, llamados herejes.

Revisando estos elementos teóricos y metodológicos junto al pensamiento marxista, encuentro el recurso para, dentro de lo que ha sido la historia de Cuba y la historia de la Revolución, aportarle a nuestro proyecto social una causa obviada por los prejuicios.

Parece que alguien tenía la ilusión de que la Cuba revolucionaria hubiera sido casi extraterreste, y en los 60 y 70 no fuese tan homofóbica como el resto del mundo. Hubiese sido maravilloso tener esa oportunidad, pero no era posible pedirle tanto al pueblo cubano en un tiempo en que todavía las ciencias médicas seguían patologizando la homosexualidad y a las personas transgénero, cuando muchas iglesias satanizaban a personas homosexuales. Todavía las ideas dominantes tienden a descalificar a estas personas y a quitarles oportunidades; todavía en el mundo son víctimas de crímenes de odio, con cifras preocupantes al punto de que se está haciendo un llamado internacional para establecer políticas en este sentido.

La homofobia se expresa en Cuba y el mundo como cualquier otro acto de violencia, física o sicológica. Sin embargo, tantos años de Revolución han instituido el valor de la solidaridad, de reaccionar ante la injusticia, y eso es lo que nos produjo la inquietud de iniciar esta lucha. Cuando alguien está sufriendo, cuando una persona está siendo humillada, reaccionamos, aun cuando no estuvieran todos los elementos y los tuviéramos que adquirir en el camino.

Fuimos a buscar qué decir, qué hacer, cómo dialogar con la población para que las personas homosexuales y transgéneros no fueran discriminadas, que nadie se creyera superior a otro por su orientación sexual.

La Revolución cubana está dando un ejemplo de que es posible, ya sea en el capitalismo o en el socialismo, tener una sociedad que reconozca y respete la diversidad sexual. En el caso de un país en transición socialista es más coherente todavía.

Al comenzar las Jornadas nacionales contra la Homofobia en 2008, el país estaba dando también una señal de revisar su historia.

En efecto. Eso me parece muy valioso y es lo que hace que siga siendo una Revolución.

Cuando estuve en Filadelfia y San Francisco, ciudades estadounidenses importantes para el movimiento LGBTI norteamericano, me di cuenta que estos procesos han estado involucrados con otras libertades civiles, con las luchas por la independencia o los derechos de las mujeres. Toda esa experiencia dio herramientas para luchar por los derechos LGBTI.

Cuando triunfó la Revolución, Fidel tenía el Programa del Moncada, con varias problemáticas sociales identificadas, y comenzaron a trabajar en función de eso. Sin embargo, este tema no estaba recogido ni tampoco existía un movimiento internacional claro a favor de estos cambios.

¿Qué hace idóneo el contexto cubano de los 2000 para emprender estas Jornadas?

El escenario de avance de un proyecto de justicia y equidad social como la Revolución, no quitaba que fuera una sociedad fuertemente homofóbica. Después, los progresos en cuanto a los derechos de las mujeres abrieron un camino. El desarrollo que fue tomando la sociedad cubana en la construcción de su diseño de democracia, dio elementos para hacer más visible esta causa. A la par, las ciencias sociales y los movimientos de derechos humanos han ido avanzando en el mundo, y como parte de esta gran aldea global vamos adquiriendo conocimientos para incorporarlos a nuestro proyecto social.

Hemos cuidado de no reproducir mecanismos o iniciativas, sino que estudiamos la manera en que se dieron estas luchas en otros países para tomar lo valioso e introducirlo en nuestra realidad. Cuando se importa acríticamente una moda o tendencia se está siendo tan superficial que no se logran cambios sociales. Preferimos incorporarnos a nuestra realidad de manera participativa, convocando a varias instituciones sociales para construir proyectos entre todos y todas. Eso nos ha facilitado el diálogo con las instituciones y el Partido Comunista de Cuba.

Pasados seis años de la Jornada se advierte un incremento de la visibilidad del tema.

Aunque no tenemos investigaciones que midan el impacto de la Jornada, nuestra percepción es que ha habido un cambio sustancial, porque antes de estos temas no se hablaba y si se hacía era solo para descalificar a las personas LGBTI, incluso excluirlas. Pero ahora la sociedad cubana está discutiendo y exponiendo sus puntos de vista, sus dudas y las contradicciones. Hasta la oposición que se genera es muy saludable para impulsar el debate.

Mucha gente ha reconocido que es homofóbica y pide más orientación. Se nos acercan tanto familias como población en general en busca de ayuda.

Por otra parte, hay un cambio en la política informativa sobre el tema. Este año notamos que se confía más en la capacidad de las y los periodistas y en general de nuestra prensa para comenzar a socializar muchos de estos mensajes. Por ejemplo, en la medida en que divulguemos que existen espacios de atención jurídica en el CENESEX para dar respuestas a la discriminación, más personas van a venir solicitar nuestra ayuda.

¿Qué le aporta el movimiento LGBTI cubano al civismo?

Este movimiento se fue formando con una alta dosis de espontaneidad. Surgió a partir del grupo Las Isabelas de lesbianas en Santiago de Cuba que en 2002 pidieron ser atendidas por el CENESEX en el tema de la salud sexual y reproductiva. A partir de ahí, se integró un grupo en La Habana, luego el de personas trans y, poco a poco, surgieron nuevas ideas e iniciativas para integrar hombres homosexuales y jóvenes en una red.

Lo interesante es que esos grupos formados pidieron ser atendidos por el CENESEX. La red social comunitaria comienza por nosotros pero se va enriqueciendo con la participación en varias provincias. Las personas preparadas como activistas están participando muy activamente con sus criterios y sugerencias en lo que pudiera llamarse movimiento LGBTHI cubano.

Ud. ha dicho varias veces que no puede concebirse el socialismo con homofobia.

No, no lo puedo concebir. Por eso, cuando estábamos haciendo el Pasacalle en Cienfuegos el año pasado propuse el lema “Socialismo sí, homofobia no”. Es que el proyecto de experimentación que es el socialismo no puede tener ningún tipo de discriminación.

¿Qué pudieran estar señalando entonces gestos como la inclusión del tema en el programa de la Conferencia del PCC o la participación de Miguel Díaz-Canel, primer vicepresidente cubano, en la Gala contra la Homofobia en el Karl Marx?

La dirección del país está más concientizada de que esta realidad debe formar parte de nuestra política y de elementos ideológicos, porque nuestro trabajo consiste en transformar pensamientos, que deben ser trasmitidos mediante la educación y con el apoyo de todas las personas e instituciones.

La comunidad artística cubana ha sido siempre abanderada de estas causas.

En todas las épocas, las artes se van por encima de las ciencias para comunicar realidades o preocupaciones sociales. En Cuba sucedió lo mismo, y en las obras de arte y literatura se reflejaron siempre estas contradicciones, de una manera o de otra, con los puntos de vista de sus artistas.

Soy formada en la pedagogía y siempre encontré en las artes un recurso para educar, para comunicar, mucho más interesante que una simple charla. Por eso, en nuestro trabajo del CENESEX también convocamos artistas, porque es mucho más efectivo para comunicar este mensaje, y a veces llega de manera más impactante.

Al iniciar la Jornada fuimos al Ministerio de Cultura, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y la Asociación de Hermanos Saíz (AHS) a solicitarles apoyo. Necesitábamos que todas las personas que de alguna manera habían tenido alguna iniciativa similar se unieran en este proyecto.

Para luchar por el respeto a la diversidad sexual debemos partir de nuestra unión como país, como nación, como sociedad. De manera aislada no se avanza y las artes cubanas están trabajando a plenitud en esta estrategia de transformación social. Mucho se ha promovido la necesidad de aprobar un nuevo Código de Familia donde se acepten las uniones consensuales entre personas del mismo sexo. Pero, una vez que se apruebe, ¿cuáles serían las otras demandas legales?

Queda mucho, por eso digo que el nuevo Código no es la meta, sino una de nuestras acciones que va a facilitar avanzar en los derechos LGBTI, pero no es la única. Las leyes por sí mismas no garantizan derechos humanos. Estos deben ser apoyados por otras expresiones de voluntad política.

Nosotros preparamos también un anteproyecto de Decreto Ley sobre la identidad de género y estamos revisando legislaciones de otros países para incluir los elementos más afines a nuestro contexto con respecto a las luchas contra todo tipo de discriminaciones. También el Código Penal se va a cambiar, el Código del Trabajo. Y cuando la Constitución vuelva a ser revisada en su momento, tenemos previsto incluir elementos que faciliten una amplia cobertura en el campo de los derechos LGBTI.

Fuente: http://www.lajiribilla.cu/articulo/4824/el-socialismo-no-puede-ser-homofobico

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sábado, 18 de mayo de 2013

La botella de caña vacía - Francisco Coloane

La botella de caña vacía

[Cuento. Texto completo]

Francisco Coloane

Dos jinetes, como dos puntos negros, empiezan a horadar la soledad y la blancura de la llanura nevada. Sus caminos convergen y, a medida que avanzan, sus siluetas se van destacando con esa leve inquietud que siempre produce el encuentro de otro caminante en una huella solitaria. Poco a poco las cabalgaduras se acercan. Uno de ellos es un hombre corpulento vestido con traje de chaquetón de cuero negro, montado sobre un caballo zaino, grueso y resistente a los duros caminos de la Tierra del Fuego. El otro, menudo, va envuelto en un poncho de loneta blanca, con pañuelo al cuello, y cabalga un roano malacara, que lleva de tiro un zaino peludo y bajo, perdido entre fardos de cueros de zorros.

-¡Buenas!

-¡Buenas! -se saludan al juntar sus cabalgaduras.

El hombre del chaquetón de cuero tiene una cara blanca, picoteada y deslavada, como algunos palos expuestos a la intemperie. El del poncho, una sonrosada y tierna, donde parpadean dos ojillos enrojecidos y húmedos, cual si por ellos acabara de pasar el llanto.

-¿Qué tal la zorreada? -pregunta el cara de palo, con una voz colgada y echando una rápida ojeada al carguero que lleva las pieles.

-¡Regular no más! -contesta el cazador, depositando una mirada franca en los ojos de su acompañante que, siempre de soslayo, lo mira por un instante.

Continúan el camino sin hablar, uno al lado del otro. La soledad de la pampa es tal, que el cielo, gris y bajo, parece haberse apretado a la tierra que ha desplazado todo rastro de vida en ella y dejado solo y más vivo ese silencio letal, que ahora es horadado sólo por los crujidos de las patas de los caballos en la nieve.

Al cabo de un rato el zorrero tose nerviosamente.

-¿Quiere un trago? -dice, sacando una botella de una alforja de lana tejida.

-¿Es caña?

-¡De la buena! -replica el joven pasándole la botella.

La descorcha y bebe gargareando lentamente. El joven la empina a su vez, con cierta fruición que demuestra gustarle la bebida, y continúan de nuevo en silencio su camino.

-¡Ni una gota de viento! -dice de pronto el zorrero, después de otra tos nerviosa, tratando de entablar conversación.

-¡Mm…, mm…! -profiere el hombre del chaquetón como si hubiera sido fastidiado.

El zorrero lo mira con más tristeza que desabrimiento y comprendiendo que aquel hombre parece estar ensimismado en algún pensamiento y no desea ser interrumpido, lo deja tranquilo y sigue, silenciosamente, a su lado, tratando de buscar uno propio también en el cual ensimismarse.

Van juntos por un mismo camino; pero más juntos que ellos van los caballos, que acompasan el ritmo de sus trancos, echando el zaino de cuando en cuando una ojeada que le devuelve el malacara, y hasta el carguero da su trotecito corto para alcanzar a sus compañeros cuando se queda un poco atrás.

Pronto el zorrero encuentra el entretenimiento con que su imaginación viene solazándose desde hace dos años. Esta vez los tragos de caña dan más vida al paisaje que su mente suele recorrer; este es el de una isla, verde como una esmeralda, allá en el fondo del archipiélago de Chiloé, y en medio de ella el blanco delantal de Elvira, su prometida, que sube y baja entre el mar y el bosque, como el ala de una gaviota o la espuma de una ola. ¡Cuántas veces este ensueño le hizo olvidar hasta los mismos zorros, mientras galopaba por los parajes donde armaba sus trampas! ¡Cuántas veces cogido por una extraña inquietud remontaba con sus caballos las colinas y las montañas, porque cuanto más subía más cerca se hallaba de aquel lugar amado!

De muy diversa índole son las cosas que el trago de caña aviva en la imaginación del otro. Un recuerdo, como un moscardón empecinado que no se logra espantar, empieza a rondar la mente de aquel hombre, y junto con ese recuerdo, una idea angustiosa comienza también a empujarlo, como el vértigo, a un abismo. Se había prometido no beber jamás, tanto por lo uno como por la otra; pero hace tanto frío y la invitación fue tan sorpresiva, que cayó de nuevo en ello.

El recuerdo tormentoso data desde hace más de cinco años. Justamente los que debían haber estado en la cárcel si la policía hubiera descubierto al autor del crimen del austríaco Bevan, el comprador de oro que venía del Páramo y que fue asesinado en ese mismo camino, cerca del manchón de matas negras que acababan de cruzar.

¡Cosa curiosa! El tormento del primer golpe de recuerdos poco a poco va dando paso a una especie de entretenimiento imaginativo, como el del zorrero. No se necesitaba -piensa- tener mucha habilidad para cometer el crimen perfecto en aquellas lejanas soledades. La policía, más por procedimiento que por celo, busca durante algún tiempo y luego deja de indagar. ¿Un hombre que desaparece? ¡Si desaparecen tantos! ¡Algunos no tienen interés en que se les conozca ni la partida, ni la ruta, ni la llegada! ¡De otros se sabe algo sólo porque la primavera descubre sus cadáveres debajo de los hielos!

La tos nerviosa del cazador de zorros vuelve a interrumpir el silencio.

-¿Otro trago? -invita, sacando la botella.

El hombre del chaquetón de cuero se remueve como si por primera vez se diera cuenta de que a su lado viene alguien. El zorrero le pasa la botella, mientras sus ojos parpadean con su tic característico.

Aquél descorcha la botella, bebe, y esta vez la devuelve sin decir siquiera gracias. Una sombra de malestar, tristeza o confusión vuelve a cruzar el rostro del joven, quien a su vez bebe dejando la botella en la mitad.

El tranco de los caballos continúa registrándose monótonamente en el crujido de la nieve, y cada uno de los hombres prosigue con sus pensamientos, uno al lado del otro.

"Con esta última zorreada completaré la plata que necesito para dejar la Tierra del Fuego", piensa el zorrero. "Al final de la temporada, iré a mi isla y me casaré con Elvira".

Al llegar a esta parte de su acostumbrado sueño, entrecierra los ojos, dichoso, absolutamente dichoso, porque después de ese muro de dicha ya no había para él nada más.

En el otro no había muro de dicha; pero sí un malsano placer, y como quien se acomoda en la montura para reemprender un largo viaje, acomoda su imaginación desde el instante, ya lejano, en que empezó ese crimen.

Fue más o menos en ese mismo lugar donde se encontró con Bevan; pero las circunstancias eran diferentes.

En el puesto de Cerro Redondo supo que el comprador de oro iba a cruzar desde el Páramo, en la costa atlántica, hasta río del oro, en la del pacífico, donde debía tomar el barco para trasladarse a Punta Arenas.

En San Sebastián averiguó la fecha de la salida del barco, y calculando el andar de un buen caballo se apostó anticipadamente en el lugar por donde debía pasar.

Era la primera vez que iba a cometer un acto de esa índole y le extrañó la seguridad con que tomó su decisión, cual si se hubiera tratado de ir a cortar margaritas al campo, y más aún, la serenidad con que lo planeó. Sin embargo, un leve descubrimiento, algo helado, lo conmovía a veces por unos instantes; pero esto lo atribuía más bien al hecho de que no sabía con quién tenía que habérselas. Un comprador de oro no podía ser un carancho cualquiera si se aventuraba solo por aquellos parajes. Pero a la vez le decía que ese desasosiego, eso algo helado, le venía de más adentro. Sin embargo, no se creía cobarde ni lerdo de manos; ya se lo había probado en Policarpo, cuando por culpa de unos naipes marcados tuvo que agarrarse a tiros con varios, dando vuelta definitivamente a uno.

Claro que ahora no se trataba de una reyerta. ¡Era un poco distinto matar a sangre fría a un hombre para quitarle lo que llevaba, a hacerle lo mismo jugándole al monte!

¿Pero qué diablos iba a hacerle! La temporada de ese año había estado mala en la Tierra del Fuego. Era poco menos que imposible introducir un "zepelín" en una estancia. Y ya la gente no se apiñaba a su alrededor cuando baraja en mano invitaba con ruidosa cordialidad "hagamos un jueguito, niños, para entretenernos". Además, muchos eran ya los que habían dejado uno o más años de sudores en el "jueguito", y cada vez se hacía más difícil volver a pasar por los lugares donde más de una exaltada víctima había sido contenida por el caño de su Colt.

Tierra del Fuego ya no daba para más, y el "negocio" de Bevan era una buena despedida para "espiantar" al otro lado del Estrecho, hacia la Patagonia.

"¡Bah!", se dijo la mañana en que se apostó a esperar al comprador de oro y como para apaciguar ese algo helado que no dejaba de surgir de vez en cuando desde alguna parte de su interior. "Si él me hubiera jugado al monte le habría ganado hasta el último gramo de oro, y al fin y al cabo todo hubiera terminado en lo mismo, en un encontrón en el que iba a quedar parado solo el más vivo".

Cuando se tendió al borde de una suave loma para ver aparecer en la distancia al comprador de oro, una bandada de avutardas levantó el vuelo como un pedazo de pampa que se desprendiera hacia el cielo y pasó sobre su cabeza disgregándose en una formación triangular. Las contempló, sorprendido, como si viera alejarse algo de sí mismo de esa tierra; era una bandada emigratoria que dirigía su vuelo en busca del norte de la Patagonia. Cada año ocurría lo mismo: al promediar el otoño todos esos pájaros abandonaban la Tierra del Fuego y sólo él y las bestias quedaban apegados a ella; pero ahora él también volaría, como las avutardas, en busca de otros aires, de otras tierras y quién sabe si de otra vida…

¿Nunca vio tan bien el pasto como esa tarde! La pampa parecía un mar de oro amarillo, rizado por la brisa del oeste. ¡Nunca se había dado cuenta de la presencia tan viva de la naturaleza! De pronto, en medio de esa inmensidad, por primera vez se dio cuanta de sí mismo, como si de súbito hubiera encontrado otro ser dentro de sí. Esta vez, eso algo helado surgió más intensamente dentro de él y lo hizo temblar. A punto estuvo de levantarse, montar a caballo y huir a galope tendido de ese lugar, mas echó mano atrás, sacó una cantimplora tableada, desatornilló la tapa de aluminio y bebió un trago de la caña con que solía espantar el frío y que en esta ocasión espantó también ese otro frío que le venía desde adentro.

A media tarde surgió en lontananza un punto negro que fue destacándose con cierta nitidez. Inmediatamente se arrastró hondonada abajo, desató las maneas del caballo, montó y partió al tranco, como un viajero cualquiera. Escondiéndose detrás de la loma, endilgó su cabalgadura de manera que pudo tomar la huella por donde venía el jinete, mucho antes de que este se acercara.

Continuó en la huella con ese tranco cansino que toman los viajeros que no tienen apuro en llegar. Se dio vuelta una vez a mirar, y por la forma en que el jinete había acortado la distancia se percató de que venía en un buen caballo trotón y de que llevaba otro de tiro, alternándolos en la montura de tiempo en tiempo.

Sacó otra vez la cantimplora, se empinó otro trago de caña y se sintió más firme en los estribos.

"Si con ese trote pasa de largo", pensó, "me será más fácil liquidarlo de atrás. Si se detiene y seguimos juntos el camino, la cosa se hará más difícil".

El caballo fue el primero en percibir el trote que se acercaba; paró las orejas y las movió como dos pájaros asustados. Luego él también sintió el amortiguado trapalón de los cascos de los caballos sobre la pampa; fue un golpe sordo que llegó a repercutirle extrañamente en el corazón. De pronto le pareció que el atacado iba a ser él, y sin poderse contener dio vuelta la cabeza para mirar. Un hombre grande, entrado en años, con el rítmico trote inglés, avanzaba sobre un caballo negro empapado de sudor y espuma; a su lado trotaba un alazán tostado, de relevo. Notó una corpulencia armónica entre el hombre y sus bestias, y por un momento se acobardó ante la vertiginosa presencia del que llegaba.

Ya encima, los trotones se detuvieron de golpe en una sofrenada, a la izquierda de él. A pesar de que había dejado un lugar para que pasara a su derecha, el comprador de oro se ladeó prudentemente hacia el otro lado.

Le pareció más un vagabundo de las huellas que un comerciante de oro. Boina vasca, pañuelo negro al cuello, amplio blusón de cuero, pantalones bombachos y botas de potro por cuyas cañas cortas se asomaban burdas medias de lana blanca. Esta vestimenta, vieja, raída y arrugada, armonizaba con el rostro medio barbudo, largo y cansado; sin embargo, en una rápida ojeada percibió un brillo penetrante en los ojos y un mirar soslayado que delataban una energía oculta o domeñada, que podía movilizar vigorosamente, cual un resorte, toda esa corpulencia desmadejada en un instante.

-¡Buenas tardes! -dijo, poniéndose al tranco de la otra cabalgadura.

-¡Buenas! -le contestó.

-¿A San Sebastián?

-¡No, para China Creek!

El acento con que se entrecruzó este diálogo no lo olvidaría jamás, pues le extrañó hasta el sonido de su propia voz. Sintió que lo miraba de arriba abajo buscándole la vista; pero él no se la dio, y así siguieron, silenciosos, uno al lado del otro, al tranco de sus cabalgaduras, amortiguado por el césped del pasto coirón.

De pronto, con cierta cautelosa lentitud, deslizó su mano hacia el bolsillo de atrás. Se dio cuenta de que el comprador de oro percibió el movimiento con el rabillo del ojo, y, a la vez, con una rapidez y naturalidad asombrosas, introdujo también su mano izquierda por la abertura del blusón de cuero. Ambos movimientos fueron hechos casi al unísono. Pero él sacó de su bolsillo de atrás la cantimplora de caña… y se la ofreció desatornillándola.

-¡No bebo, gracias! -contestole, sacando a su turno, lentamente, un gran pañuelo rojo con el que sonó ruidosamente las narices.

Quedaron un rato en suspenso. El trago de caña le hizo recuperar la calma perdida por aquel instante de emoción; mas no bien se hubo repuesto, el comprador, sin perderle de vista un momento, espoleó su cabalgadura y apartándose en un rápido esguince hacia la izquierda, le gritó:

-¡Hasta la vista!

-¡Hasta la vista! -le contestó: pero al mismo tiempo un golpe de angustia violento cogió todo su ser y vio el cuerpo de su víctima, sus ropas, su cara, sus caballos mismos, en un todo obscuro, como el boquete de un abismo, cual el imán de un vértigo que lo atraía desesperadamente, y sin poderse contener, casi sin mover la mano que afirmaba en la cintura, sacó el revólver que llevaba entre el cinto y el vientre y disparó casi a quemarropa, alcanzando a su víctima en pleno esguince. Con el envión que llevaba, el cuerpo del comprador de oro se ladeó a la izquierda y cayó pesadamente al suelo, mientras sus caballos disparaban despavoridos por el campo.

Detuvo su caballo. Cerró sus ojos para no ver a su víctima en el suelo, y se hundió en una especie de sopor, del cual fue saliendo con un profundo suspiro de alivio, cual si acabara de traspasar el umbral de un abismo o de terminar la jornada más agotadora de su vida.

Volvió a abrirlos cuando el caballo quiso encabritarse a la vista del cadáver, y se desmontó, ya más serenado.

Los ojos del comprador de oro habían quedado medio vueltos, como si hubieran sido detenidos en el comienzo de un vuelo.

La conmoción lo agotó; pero después del vértigo tan intenso cayó en una especie de laxitud, en medio de la cual, más sensible que nunca, fue percibiendo lentamente ese algo helado que le venía desde adentro. Se estremeció, miró al cielo y le pareció ver en él una inmensa trizadura, azul y blanca, como la que había en los descuajados ojos de Bevan.

Del cielo volvió su mirada a la yerta del cadáver, y sin darse cuenta de lo que iba a hacer, se acercó, lo tomo, lo alzó como un fardo, y al ir a colocarlo sobre la montura de su caballo, este dio un salto y huyó desbocado campo afuera, dejándole el cadáver en los brazos.

Estático, se quedó con él a cuestas; pero pesaba tanto, que para sostenerlo cerró los ojos haciendo un esfuerzo; esfuerzo que se fue transformando en un dolor; dolor que se diluyó en un desconsuelo infantil, sintiéndose inmensamente solo en medio de un mundo descorazonado y hostil. Cuando los abrió, el pasto de la pampa tenía un color brillante, enhiesto y rojo, como una sábana de fuego que le quemara los ojos. Miró a su alrededor, desolado, y como a cien metros vio un grupo de matas negras. Quiso correr hasta ellas para ocultar el cadáver; quiso huir en la dirección en que había partido el caballo; pero no pudo, dio solo unos cuantos pasos vacilantes, y para no caer, se sentó sobre el pasto. Tembloroso, desatornilló la cantimplora y bebió el resto de la caña. Luego, más repuesto, se levantó siempre obsesionado por la idea de esconder el cadáver, y no encontrando dónde lo poseyó un furor, otro abismo y otro vértigo y, sacando de la entrebota un cuchillo descuerador, despedazó a su víctima como si fuera una res.

En el turbal que quedaba detrás de unas matas negras, levantó varios champones y fue ocultando los trozos envueltos en las ropas. Cuando vio que sobre la turba no quedaba más que la cabeza, lo asaltó de súbito un pensamiento que lo enloqueció de espanto: ¡El oro! ¡No se había acordado de él!

Miró. Sobre la turba pardusca no quedaba más que la cabeza de Bevan, mirando con sus ojos descuajados. No pudo volver atrás. Ya no daba más, el turbal entero empezó a temblar bajo sus pies; las matas negras, removidas por el viento, parecían huir despavoridas, como si fueran seres; la pampa aceró su fuego, y la trizadura azul y blanca se hendió más en el cielo.

Tomó la cabeza entre sus manos para enterrarla; pero no halló donde; todo huía, todo temblaba; la trizadura que veía en los ojos cadavéricos y en la comba del cielo empezó a trizar también los suyos. Parpadeó, y las trizaduras aumentaron; mil agujillas de trizaduras de luz traspasaron su vista, le cerraron todo el horizonte, y entonces, como una bestia enceguecida, corrió detrás de las matas negras que huían, alcanzó a tirar la cabeza en medio de ellas, y siguió corriendo hasta caer de bruces sobre la pampa, trizado él también por el espanto.

-¿Qué tiene? ¡Está temblando! -irrumpe el joven zorrero al ver que su compañero de huella tirita, mientras gruesas gotas de sudor le resbalaban por la sien.

-¡Oh!… -exclama sobresaltado, y, como reponiéndose de un susto, se abre en su cara por primera vez una sonrisa, helada, como la de los muertos empalados, dejando salir la misma voz estragada-. ¡La caña…, la caña para el frío me dio más frío!…

-Si quiere, queda un poco todavía -le dice el zorrero, sacando la botella y pasándosela.

La descorcha, bebe y la devuelve.

"¡Pero, a este lo mato como a un chulengo, de un rebencazo!", piensa, sacudiéndose en la montura, mientras la caña le recorre el cuerpo con la misma y antigua onda maléfica.

-¿Le pasó el frío? -dice el joven, tratando de entablar conversación.

-Ahora sí.

-Esta es mi última zorreada. De aquí me voy al norte a casarme.

-¿Ha hecho plata?

-Sí, regular.

"Éste se entrega solo, como un cordero", piensa para sus adentros, templado ya hasta los huesos por el trago de caña.

-¡Hace cinco años yo pasaba también por este mismo lugar para irme al norte y perdí toda mi plata!

-¿Cómo?

-No sé. La traía en oro puro.

-¿Y no la encontró?

-¡No la busqué! ¡Había que volver para atrás y no pude!

El cazador de zorros se lo quedó mirando, sin comprender.

-¡Buena cosa, dicen que la Tierra del Fuego tiene maleficio! ¡Siempre le pasa algo al que se quiere ir!

-¡De aquí creo que no sale nadie! -dijo, mirando de reojo el cuello de su víctima, y pensando que era como el de un guanaquito que estaba al alcance de su mano.

"Bah"... continuó pensando, "esta vez sí que no me falla! ¡El que se va a ir de aquí voy a ser yo y no él! ¡La primera vez no más cuesta; después es más fácil, y ya no se me pondrá la carne de gallina!"

El silencio vuelve a pesar entre los hombres, y no hay más ruido que el monótono fru-fru de los cascos de los caballos en la nieve.

"¡Ahora, ahora es el momento de despachar a este pobre diablo de un rebencazo en la nuca!", piensa, mientras la caña ha aflojado y la olvidada onda helada vuelve a surgir de su interior; pero esta vez más leve; como más lento y sereno es también el nuevo vértigo que empieza a cogerlo y no le parece tan grande el umbral del abismo que va a traspasar.

Con un vistazo de reojo mide la distancia. Da vuelta el rebenque, lo toma por la lonja, y afirma la cacha sobre la montaña, disimuladamente. Ajeno a todo, el zorrero solo parece pensar en el monótono crujido de los cascos en la nieve.

"!A éste no hay nada que hacerle, la misma nieve se encargará de cubrirlo!", se dice, dispuesto ya a descargar el golpe.

Contiene levemente las riendas para que su cabalgadura atrase el paso y… entre ese parpadeo él ve, idénticos, patéticos, los ojos de Bevan, la honda trizadura del cielo, la mirada trizada de la cabeza tronchada sobre la turba; las mil trizaduras que como agujillas vuelven a empañarle la vista, y, enceguecido, en vez de dar el rebencazo sobre la nuca de su víctima, lo descarga sobre el anca de su caballo, entierra la espuela en uno de los ijares y la bestia da un brinco de costado, resbalándose sobre la nieve. Con otra espoleada, el corcel logra levantarse y se estabiliza sobre sus patas traseras.

-¡Loco el pingo! ¿Qué le pasa? -exclama el zorrero, sorprendido.

-¡Es malo y espantadizo este chuzo! -contesta, volviendo a retomar la huella.

Vuelve a reinar el silencio, solo, pesado, vivo, y a escucharse el crujido de los cascos en la nieve; pero poco a poco un leve rumor comienza también a acompasar al crujido: es el viento del oeste que empieza a soplar sobre la estepa fueguina.

El zorrero se arrebuja en su poncho de loneta blanca. El otro levanta el cuello de su chaquetón de cuero negro. En la distancia, como una brizna caída en medio de esa inmensidad, empieza a asomar una tranquera. Es la hora del atardecer. El silbido del viento aumenta. El zorrero se encoge y de su mente se espanta el blanco delantal de Elvira, como la espuma de una ola o el ala de una gaviota arrastrada por el viento. El otro lado levanta su cara de palo como un buey al que le han quitado un yugo y la pone contra las ráfagas. Y ese fuerte viento del oeste, que todas las tardes sale a limpiar el rostro de la Tierra del Fuego, orea también esta vez esa dura faz, y barre de esa mente el último vestigio de alcohol y de crimen.

Han traspasado la tranquera. Los caminos se bifurcan de nuevo. Los dos hombres se miran por última vez y se dicen.

-¡Adiós!

-¡Adiós!

Dos jinetes, como dos puntos negros, empiezan a separarse y a horadar de nuevo la soledad y la blancura de la llanura nevada.

Junto a la tranquera queda una botella de caña, vacía. Es el único rastro que a veces deja el paso del hombre por esa lejana región.

FIN

sábado, 11 de mayo de 2013

Crímenes inhumanos en el cuerno de África

La ONU y los 250.000 muertos somalíes Crímenes inhumanos en el Cuerno de África

Thomas C. Mountain CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

La ONU ha anunciado que entre los años 2010 y 2012, que incluyen el período de la sequía en el Gran Cuerno de África, al menos 250.000 somalíes murieron de hambre.

La mayoría de quienes murieron de inanición eran personas internamente desplazadas a causa, sobre todo, de la invasión militar y la ocupación del sur de Somalia por el ejército etíope con el apoyo de la ONU, ejército al que siguieron los “mantenedores de la paz” de la Unión Africana, alcanzándose en estos momentos la cifra de 25.000 efectivos.

La última vez que escribí sobre el hambre en Somalia expuse que la ONU dedicaba un presupuesto de diez centavos de dólar al día a ayuda alimentaria para dar de comer a cada refugiado somalí. Se denomina “déficit presupuestario”, algo así como “queremos ayudar pero sucede que no tenemos dinero”.

Sin embargo, durante ese período de hambruna masiva del pueblo somalí, la ONU y sus mandamases occidentales gastaron más de 1.000 millones de dólares para financiar su “misión militar para el mantenimiento de la paz” en lo que quedaba del país.

¿Mil millones de dólares para la guerra y 250.000 somalíes abandonados hasta morir de hambre?

Quizá el hecho de saber que el jefe de la mayor “ONG” de ayuda alimentaria de la ONU en Somalia, la UNICEF, es Anthony “Tony” Lake, ex Asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, que fue una vez propuesto para ser Director de la CIA, pueda ayudarles a entender por qué las cosas sucedieron así.

Tony Lake es uno de los que afirmaron miserablemente que “lamentaba” no hacer nada aunque conocía a la perfección los asesinatos masivos que se perpetraron en Ruanda bajo su mirada en 1994 cuando era la mano derecha de Bill Clinton. ¿De la CIA a la UNICEF? ¿Tendríamos que sorprendernos de encontrar una hambruna masiva bajo su mandato en Somalia?

Actualmente, mientras las maquinarias propagandísticas en los medios occidentales hablan de la “paz y democracia que llegan a Somalia por vez primera en toda una generación”, algunos olvidan cómo los mismos somalíes llevaron la paz a Mogadiscio en 2006 sólo para ver cómo el apoyo de la ONU a la invasión etíope acababa convirtiendo todo en humo.

Los canales de información de televisión pueden echar mano de unos cuantos somalíes domesticados para que suelten la retórica de que son los “somalíes quienes dirigen el cotarro” mientras detrás de las cámaras están “los mantenedores de la paz” armados hasta los dientes por la ONU con el apoyo de las dictaduras bancarias de Occidente.

El hecho es que ninguna potencia, no importa cuán fuerte sea, puede llevar la paz a Somalia desde fuera, eso es algo que sólo puede conseguir el pueblo somalí si le dejan que resuelva sus propios problemas. En 2006, los éxitos conseguidos por la Unión de Tribunales Islámicos por vez primera en quince años fueron inútiles debido a la intervención armada ordenada por Estados Unidos y sus secuaces en la ONU. Este conflicto armado, financiado y dirigido desde fuera, continúa expulsando a cientos de miles de somalíes de su tierra y hogares dejándoles morir de hambre gracias a la generosidad de los diez centavos de dólar al día de las Naciones Unidas.

Y cuantas más armas fluyan hacia Somalia desde Occidente, con la Pax Americana exigiendo que se levanten todas y cada una de las restricciones que puedan figurar en el papel, todo en nombre de la “guerra contra el terror”, una “guerra terrorífica” de verdad prosigue su curso, una guerra contra el pueblo somalí, cuya principal desgracia es la de vivir a horcajadas entre la región del Cuerno de África y la “Puerta de las Lágrimas”, Baab Al Mandeb, donde el Océano Índico se funde con el Mar Rojo, vía de la que dependen las mayores economías mundiales para enviar sus productos.

Es muy doloroso seguir teniendo que escribir acerca de los enormes e inhumanos crímenes perpetrados por las Naciones Unidas en el Cuerno de África, pero cuando la ONU envía a sus cabezas parlantes a decirle al mundo que más de un cuarto de millón de somalíes han muerto a causa de la hambruna a lo largo de estos dos útimos años, ¿qué opción le queda a uno sino levantar de nuevo su voz para protestar? Porque desviar la mirada del televisor pretendiendo no haber oído nada es algo con lo que uno no podría vivir.

Thomas C. Mountain es el único periodista occidental independiente en el Cuerno de África. Vive e informa desde Eritrea desde 2006. Puede contactarse con él en: thomascmountain@yahoo.com

Fuente: http://www.counterpunch.org/2013/05/07/the-un-and-250000-dead-somalis/